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Repasando el libro de decisiones

Errores, sesgos y aprendizajes.

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Miquel Cantenys, CFA
Sep 21, 2025
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Antes de empezar…

Esta semana he recibido una noticia que aún me cuesta creer.

Citywire Selector me ha incluido en su lista de 40 under 40 en Europa.

Para quien no conozca Citywire, es una de las publicaciones más respetadas en el mundo de la gestión de activos. Sus listas 40 under 40 reconocen a los profesionales de inversión más prometedores menores de 40 años.

Estar en esa lista, junto a tantos profesionales talentosos de toda Europa, es un honor que jamás imaginé.

Solamente quería dar las gracias de manera pública a Ginvest, la gente de Citywire, y todo el mundo que me rodea e impulsa de manera diaria tanto a seguir aprendiendo, compartiendo y/o ejecutando.

Y como no hay mejor forma de celebrarlo que siendo completamente transparente...

Hoy voy a hacer algo que nunca he hecho: abrir mi libro de decisiones personal.

Porque al final, todos estamos aprendiendo.

De todo. De todos.

Ya sabes…

Quién deja de aprender, deja de crecer.

¡O eso dicen!

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España, 2006.

Vacas gordas. PIB creciendo al 4% anual. Los pisos subían a doble dígito cada año. Todo el mundo hacía dinero sin esfuerzo.

Yo tenía 10 años.

Y acababa de hacer mi primera comunión.

Los sobres llegaban uno tras otro. Tíos, abuelos, amigos de mis padres. Billetes de 20, 50, algunos de 100 euros. Mi cabeza de niño no podía procesarlo. ¿Era millonario?

Recuerdo perfectamente el momento. Sentado en mi cama, rodeado de sobres abiertos, contando y recontando. La sensación de tener tanto dinero era abrumadora.

Pero entonces llegó la pregunta del millón.

¿Qué hago con todo esto?

Mi padre, con esa sabiduría práctica que solo tienen los padres, me llevó al banco. Era la época dorada de las promociones bancarias. Tipos al 4%. Cuentas para niños con condiciones de escándalo. Los bancos literalmente regalaban dinero para captar clientes.

Encontramos una cuenta que pagaba 5% anual.

5%.

Para un niño de 10 años en 2006, eso sonaba a máquina de hacer dinero.

Cada mes, como un reloj, me llegaba LA CARTA.

Blanca. Con el logo del banco. Dirigida a mi nombre.

La abría con la emoción de quien descubre un tesoro. Dentro, los números mágicos: los intereses del mes. A veces 10 euros. Otras veces 12. En navidad, cuando había metido algo más, llegaban a los 15 euros.

¿Y todo esto lo gano sin hacer nada?

Guardaba cada carta religiosamente. Las ordenaba por meses. Comparaba los incrementos. Hacía cálculos con mi calculadora de Casio.

10,20€ en enero. 10,45€ en febrero. ¡25 céntimos más!

Qué locura, la verdad.

Para un niño, esos céntimos extra eran la prueba de que algo mágico estaba pasando. Mi dinero estaba haciendo más dinero. Solo.

Allí, entre cartas bancarias y cálculos de céntimos, entendí por primera vez el poder del interés compuesto.

No lo sabía entonces, pero esa cuenta de niños del 5% me estaba enseñando las bases de todo lo que vendría después:

  • El dinero parado es dinero que se devalúa.

  • Cada euro puede generar más euros.

  • El tiempo es tu mejor aliado.

Han pasado casi 20 años desde aquella comunión. He cometido errores que me han costado miles de euros. He hecho operaciones que me han multiplicado el capital. He vivido crisis, burbujas, pánicos y euforias.

Incluso una pandemia.

Y en cada decisión, buena o mala, he mantenido esa costumbre de niño: documentar todo.

Mi libro de decisiones personal.

Del que hablamos el otro día, sí.

Hoy voy a abrirlo por primera vez. Sin filtros. Sin maquillar los errores. Sin exagerar los aciertos.

No todo (¡obviamente!).

Pero sí que veremos algunas decisiones de inversión de hace más de diez años.

Cómo tomaba decisiones. Las “tesis” que tenía entonces. Y los sesgos. Sobre todo, los sesgos.

Lo que funcionó. Lo que fracasó. Y lo que aprendí en los inicios de este largo, intenso y dulce camino.

Ahora sí.

Here we go!

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